Quiero ser monja y la vida real de las religiosas

En este conocido programa real life llamado quiero ser monja se requieren ingredientes muy concretos, íntimamente ligados a una de las interioridades místicas que aún, suponemos, inquietan al ser humano: la dedicación religiosa, la consagración de la fe mediante los tres votos mencionados y la preparación para servir a Dios como los religiosos de http://www.cartujadeburgos.org/. Además de estos elementos, se añaden los propios de la telerrealidad, para convertir este formato es un éxito de audiencia.

Así que en aras de esta realidad expuesta, son tres las congregaciones religiosas integradas por monjas verdaderas, las que han sido también seleccionadas por la cadena para llevar a cabo la televisada instrucción religiosa preparatoria que pondrá a prueba la fuerza de su fe en la vida monacal. Tres conventos de religiosas españolas, procedentes de sendas congregaciones de Granada, Madrid y Alicante, mostrarán a un espectador ávido de novedades, cómo es la vida de una monja hoy en día.

Y qué valores, qué pruebas y qué conocimientos debe dominar y superar la monja para convertirse en religiosa y haber logrado así su objetivo cumpliendo los requisitos correspondientes. Si una familia española tiene entre sus miembros una vocación religiosa emergente, en el reality encontrará un referente, no sabemos si rigurosamente exacto o pasado por el tamiz mediático que todo programa de grandes audiencias exige, o será fiel al método real empleado.

Desconocemos el final último de la ganadora y estamos expectantes ante el reto religioso televisado al que se enfrentan estas cinco concursantes con vocación divina. Ellas han sido elegidas conforme a unos requisitos exigidos por la cadena para convertirse en monjas mediáticas, monjas de hoy comprometidas con su vocación y la que demanda el mundo actual en cuestión de asuntos sociales, asistenciales y culturales. Aunque su estilo de vida presente será el que establece la religión, lejos del ambiente mediático y la popularidad de la televisión.

Más allá del signo de una congregación con nombres y apellidos, el show de televisión combina con escalofriante sabiduría lista para ser comprobada, el espectáculo de masas y la más reducida vocación actual de los jóvenes: servir a la causa invisible de Dios. Frente a los intereses en redes sociales y el culto a lo material de la juventud, quiero ser monja convierte en masivo lo residual. No obstante, existen opiniones para todos los gustos y no todo el público ve con buenos ojos el reality por encontrarlo frívolo y superficial.

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